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Testimonio de un Ángel
Por: Yahaira López. *
Desde donde yo estaba podía verlo, como a una cuadra de distancia, Gabriel, absolutamente absorto en sus pensamientos, acomodaba nerviosamente los anteojos sobre la nariz, y bebía una taza de café tras otra, el cenicero repleto y los ojos fijos en algún punto no observado.
Lo sigo desde hace dos meses, a partir del momento en el que su hermano Juan Andrés, entró en otra realidad, entonces decidí hacerme cargo de poner los avisos en el camino de Gabriel, quien a logrado sorprenderme.
Esa tarde de lluvia oblicua, al ver a la tierra desnuda tragarse para siempre a su hermano, en su mente se repetía incesante el mismo pensamiento: Las coincidencias...
Acaso las coincidencias son trampas que ponen los ángeles al destino para ayudarnos a despertar de este sueño?, cuántas coincidencias he pasado por alto creyéndolas azar.... cuantas en toda mi vida....cuantas en la vida de Juan Andrés...Habrá muerto sin darse cuenta?
Yo conocí bien a su hermano Juan Andrés, que con 18 años estaba aún en el colegio, le gustaba el billar, la música y prefería escoger sus lecturas a leer por imposición a Carlos Cuahtemóc o a Alfonso Lara Castilla para que le dijeran cómo “superarse”, porque lo que él más amaba era la incertidumbre que podía proporcionarle a diario vivir, el poder de ser humano, el poder de no saber nada, la libertad de estar en manos del destino, creía que podía ascender a la cima del mundo y desde allí lanzarse al vacío con los brazos extendidos, pero él entendía solo parte de su libertad, no es libre solamente aquel que recibe a la vida, es libre aquel que se da cuenta de que el destino es suyo.
Fue Alex Rojas en el colegio, Alex se había percatado de que Juan Andrés era diferente
Podía ver su fuerza en él, los ojos soberbios de Alex escudriñaban a menudo los huidizos y distantes ojos pálidos de Juan Andrés.
Esa tarde la reunión de profesores permitió dos horas de libertad a los estudiantes; Juan Andrés se dirigía con paso quedo hacia el Video Play a jugar Golden Eye de Nintendo 64 con los de siempre que seguramente allí llegarían como él, a matar el tiempo, También debía recordar pasar más tarde por la casa de una amiga con la que hacía algunos meses intercambiaba música, esta vez quería algo de Slayer o Metallica, algo pesadito, había perdido su álbum negro y quería recuperarlo, el llevaba OK computer de Radiohead que Gabriel le había regalado y Oasis para el trueque, caminaba con la mente ocupada en los negocios, en Nicholle y con Something in the way del resignado Kurt de fondo. Una palmada en el hombro lo sacó de la introspección...-Ahh Alex que pasa- atino a decir medio asustado por lo repentino del saludo.- Juan Andrés si vas al VP te reto a un Mortal Combat.
Juan y Alex eran expertos en los juegos de video y las apuestas les dejaban útiles ganancias con regularidad.
A Alex le gustaba rolear Star Wars, por aquello de la fuerza; tenía como favorito a Dark B. E instó a Juan de asistir a una de las sesiones para iniciar una nueva campaña en la que él participaría.
-Esos juegos vienen de los R.P.G, jueguitos por computador en los que se adopta una personalidad y se vive en el monitor, los de rol son así pero con la cabeza- y hacia un gesto gracioso con el dedo índice a manera de sacacorchos sobre la sien cuando quería explicarle.
Unas quince personas en la casa de Alex, una tarde de cielo cargado de sábado lento y plateado; Juan Andrés frente a la pequeña biblioteca de la habitación de Alex dejaba a la mirada saltar entre Poe y el manual de hechicería, Drácula y El cordón de plata, tenía variedad de libros sobre cosas paranormales, otros temas recurrentes eran la violencia y la ficción especialmente sobre seres de otros planos. Sin embargo su curiosidad fue atraída casual e inevitablemente hacia un pequeño volumen de unas 600 páginas, calculadas a ojo por el grosor, sobre cuyo lomo, con letras doradas y en una cubierta de antiguo cuero negro estaban las palabras: The Necronomicon or the book of the death name. Estuvo tentado de abrir la puerta junto con las páginas del libro e invocar al destino..... pero no. Esperaría a que lo que fuera que tenía que ser viniera a él. Tales fueron las palabras tras de sus ojos, tras de su respiración.
Alex entró repentinamente.... –Ya viste la música? Y mientras decía esto le entregó un cassette, -lo escuchas, luego lo destapas y volteas los rollitos con cuidado, contiene “tips de cocina”. Juan Andrés notó lo ridículo de la expresión pero al tiempo se dio cuenta de que si alguien los hubiera estado escuchando seguramente pasaría por alto tan fútil conversación, sin embargo el habría utilizado mejores palabras para el lenguaje críptico.
La sesión empezó a las 10:30, sacaron la ouija y las velas, una muchacha de cabello rizado hacía de médium, el vodka volaba entre las manos y los labios.... Ella dijo que no se movió a voluntad, que se movió sola para contestar, en Verdad los dedos de ella se habían dejado arrastrar hasta crear el sí.
Entonces el 13 irían en busca de hueso, de genios protectores.
El resto de la noche sonó de todo, Dead y Black Metal en su mayoría. Toda una orgía de muerte y violencia la última canción que Juan Andrés escuchó concientemente...o sólo a él se le habría antojado así? Judas Priest recordaba, solo el grupo, no la canción, no la hora, no la compañía, solo el miedo y el asco que le producían estar allí y el hecho de saberse más parte de eso que los demás.
El 13 a las 12 todos de negro en el panteón solitario, la luna observaba de cerca; dispuestos a matar a quien se opusiera, la perica encima y comenzó la acelerada búsqueda. Maria Eugenia Téllez Blanco 1950-1996, - esta es la mía!, así se llamaba mi abuela. Unos golpes secos, atinados y pronto se hallaron frente a los fríos y amarillentos huesos que contaban historias ya lejanas de carnívoros gusanos. Alex buscó la falange del dedo corazón de Maria y dijo: -Si es mujer izquierdo, si es hombre derecho y cada quien buscó el suyo. 7 tumbas profanadas, luego acomodadas, unas sin cráneo otras sin fémur, todas sin falange. Un mes después se daban a la tarea de conseguir un perro; una amiga de carolina, una de los siete viéndose a gatas con la camada de su perra Lady D. Les regaló con notable alivio una simpática cachorrita de French Puddle a la que llamaron Sharon en honor de Charles Manson .
Siempre los siete, a veces los quince, una noche los siete con el vino en la cabeza y en la lengua, y la cannabis en el corazón y en los ojos, acordaron una ceremonia solemne de iniciación para el joven y nuevo vástago de la secta, sería en la meseta mientras el oscuro los escondiera incluso de la luna.
–Carlos y Manuela no vinieron dijo Juan Andrés (casi ofendido, como si fuera su cumpleaños) a lo que Alex con voz entrecortada por el cansancio contestó: -Si no vinieron a este viaje seguro harán otro, esos dos no nos sirven de mucho de todas formas... entre otras cosas...- Cómo te ha salido el genio? – Tiene poder ese huesito, a veces oigo al tal Victor detrás mio, en efecto es mi esclavo.-Mi Maria Eugenia es una bruja traviesa..........los dos rieron.
Serían las once cuando dieron con la cueva, se dispusieron con Priest, hierba mas los puñales y las copas, la tiza blanca que se desmoronaba rápido contra el suelo arenoso, el pentagrama con sus puntas rematadas en vela negra y el sabio en el centro con toda su fuerza rogando al despreciado por más... Se oyeron pasos afuera, entre esas ramas hirientes de tierra agreste, todos salieron a inspeccionar excepto Alex, más o menos quince minutos después, mientras compartían el aguardiente brotó de las entrañas de la cueva un monstruo fantástico, un hombre alto cubierto de murciélagos que chillaban y se aferraban el. Carolina grito aterrorizada y como pudo, entre la densa oscuridad salió corriendo meseta abajo, dos más fueron tras ella. A Juan Andrés le causó risa la escena y aplaudió la hazaña de su amigo, que con un veloz movimiento se sacudió a los pegajosos engendros de encima, tomó la botella y dio un largo sorbo, después pidió que trajeran a Sharon, obedientemente Juan la sacó de la caja agujereada y se la entregó no sin un fastidioso sentimiento de culpa que le destemplaba las piernas. Lejos, se sentó y miró hacia la osa, como siempre en busca de respuestas, un rayo de luz muy brillante y cálida lo rodeó desde el fondo de la nada, su culpa se hizo copioso llanto, el inerme corazón pidió disculpas al que reconoció como su protector natural, el arcángel Miguel que lo había mantenido incolumne ante el poder del anillo con la cabra que Alex llevaba en su mano derecha y del hechizo que trató de insuflarle una noche en una nube de cenizas.
Juan Andrés como centauro del 17 de diciembre del 80 disparó el huesito de su fiel Victor hacia el fondo del precipicio del duende. - Encontraron a Carolina? Preguntó al volver de su viaje, -Alex la tiene.
Juan entró en la cueva, los otro diez rodeaban el espectáculo. La voz de Alex amplificada por las oscuras rocas le aseguró que Carolina sería una mejor víctima y que podia quedarse con Sharon.
Carolina estaba notablemente drogada, sus manos amarradas sobre la cabeza; los ojos pétreos de Alex cortaron la carne primero que su puñal, todos bebieron de su corazón y amanecieron ebrios, a ella la enterraron en un barranco, Juan Andrés puso una piedra encima de la que sería la tumba de la que se fue sin llamar a su ángel de la guarda, ni a su madre. Las dos semanas siguientes Juan Andrés se negó a recibir llamadas tramitó un cambio de colegio, y convenció a sus padres de que le permitieran vivir un tiempo con su primo que tenía un café y a los 25 años era anormalmente responsable.
No a pesar del cambio, en esta ciudad de cortas distancias y días largos Alex no tardó en encontrarlo, con su perfecta y acostumbrada calma le recitó al oído los nombres de los amigos muertos – Ya son 5, pero es el 6 el número perfecto, quien crees que sigue?- Usted Alex, si se atreve a levantar su mano maldita contra mí, cargaré alegremente el peso del infierno con tal de darme el gusto de hundir mi navaja en el hígado de una rata, la risa sardónica del inexpugnable le heló la sangre. Alex dejó caer un sobre blanco a sus pies , y se alejó. El sobre contenía su sentencia perentoria escrita a lápiz.
Esa noche los deseos de asesinar golpeaban histéricos el estómago de Juan Andrés que presa del miedo y la rabia enfermó.
Las noches siguientes fueron todo un suplicio, en cuanto el sol le abandonaba se quedaba a merced de los espíritus pesados, de los demonios y malditos de otros tiempos, la indolente luna observaba con frialdad. A veces los libros sobre su escritorio se dejaban caer al suelo o era despedido con violencia el vaso vació para estrellarse en mil pedazos contra la pared El hecho de saber que todo aquello era cierto e inevitable desafiaba temerariamente a la locura.
Vientos ígneos solían entrar por la ventana, cada ves más seguido, preludiando al que se acercaba..... No era Alex cuya fuerza solo era el mal que materializaba, Alex era un gran vórtice de energía, descompensado, fanático y loco. Con todo, no era más que un instrumento y Juan sabía que no todos los asesinatos habían sido perpetrados por su antiguo amigo, sino que “los Invisibles” de la secta se las arreglaban para endilgarle tal tarea a los nuevos adeptos.
El era el próximo y no había señales del cielo, la espada del arcángel no se blandiría en su defensa de nuevo, el alma de Juan la había despreciado antes?
Lo único seguro era que estaba totalmente solo.
La mañana del 17 de diciembre con un año más de vida, últimamente atormentada, Juan Andrés salió a visitar a su madre. Al regresar, dos cuadras antes del apartamento y del sol, estaba Alex con otros dos tipos, vestidos para no levantar sospechas, hasta el cabello al estilo militar, solo los ojos negros... abisales..... Eran las tres cabezas del cancerbero sobre el agónico crepúsculo. Juan Andrés supo que era su día, su noche. Sin más, hecho a correr por los laberintos de esos barrios del sur llenos de bloques y de árboles que todo lo esconden, los pasos tras de él corrían infatigables y certeros, pensó en llegar al CAI, concentró las fuerzas en la zancada.......... inocente, cayó en un nudo triple, aún así se vieron en dificultades para manipularlo. Ya con una pistola en el riñón Juan Andrés saludó a la sonriente vecina en el balcón y se subió dócilmente al Renault 9 rojo. Una vez en la trocha buscaron parqueadero en una finca y siguieron el camino a pie, una joven mujer y un hombre esperaban.
La bruja derramó aceite sobre su pecho y mientras golpeaban al sorprendido Alex hasta dejarlo inconsciente ella proclamó el triunfo del oscuro y cuando el metal se acomodó en su plexo solar, justo bajo del ombligo, Juan Andrés vio dos fúlgidos rayos, de nuevo su San Miguel venía a él, y más allá un rayó de tormenta dividió furioso el cielo en dos, de este se desprendió una bola de fuego que lo golpeó como un cañonazo entre la herida de su vientre, después..........Sólo el tibio Miguel.
En un delirio de gritos guturales y batería que hiciera Desmember para la ocasión, Alex vio por fin al oscuro y fue devorado por él por primera vez, luego fue asesinado por sus seis víctimas, una y otra vez.
Gabriel siempre ha sido fuerte, aunque amaba a su hermano lo lloró solo dos noches, yo estuve allí para enjugar su llanto, comprendió que su hermano murió de dos enfermedades: De ceguera y de sueño, de ceguera por obviar las señales del camino y no aprovechar los lapsos del destino, y de sueño, sueño culpable y compartido con las miles de máscaras que deambulan por la calle infectadas con el mismo mal desde la infancia desoyendo los gritos de sus ángeles.......
..........El dia está claro y Gabriel está despertando, tal vez, por fin hoy pueda verme.
* Bucaramanga, 12 de Febrero de 1983.
Estudiante distinguida de Filosofía y Derecho en la Universidad Industrial de Santander . |
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