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ANALISIS
DEL SIGNO
Según
una antigua tradición, Géminis
viene a significar con frecuencia pares opuestos.
Una antítesis dual entre el Todo y lo
individual, la tierra y el cielo, el creador
y lo creado.
Esta realidad de Géminis se encuentra
presente en el mito egipcio de Osiris y en la
leyenda del Ave Fénix.
Esta última habla de la especie más
hermosa de las águilas, una con enormes
alas y cuyo tamaño es similar al de un
pavo que lleva sobre su cabeza una especie de
moño.
Según los sacerdotes del antiguo Egipto,
el Ave Fénix tenía el cuello color
oro y su cola blanca aparecía jalonada
por pinceladas rojas. Sus ojos emitían
una luz semejante al destello de las estrellas
y en cuanto notaba próxima su muerte,
se disponía a preparar un nido inflamable
con materiales diversos como maderas, resinas,
gomas y hierbas aromáticas en el que
se tendía expuesto a los rayos del Sol.
Estos provocaban un denso incendio a causa del
cual, el cuerpo del Ave Fénix, quedaba
reducido a cenizas. De ellas saldría,
pasado el tiempo, otro Fénix para volar
hacia el altar del Sol portando los restos de
su padre. Esta ave mítica y fabulosa
parece que podía vivir más de
quinientos años y siempre se la relacionaba
con el culto que los sacerdotes egipcios tributaban
al Sol.
Pero
dentro de la simbología de Géminis,
destaca el símbolo de los gemelos. El
origen de esta constelación está
asociado al mito griego de Cástor y Pólux,
dos hermanos gemelos, hijos de Zeus. Profesándose
un amor sin límites, la muerte de Cástor
lleva al otro a renunciar a la inmortalidad
para estar con su hermano. Desde entonces, los
dioses les divinizan y unen sus destinos para
toda la eternidad.
En
el aspecto más práctico, se puede
decir de Géminis que es un signo lleno
de contrastes. Regido por Mercurio, el planeta
de la inteligencia, cuya influencia suele verse
empañada por la difícil personalidad
de los nativos de este signo.
Al igual que contradictoria es su relación
con el resto de los signos, también lo
es el hecho de que esta doble personalidad les
proporcione un encanto especial. Astutos, convincentes
e impulsivos, pueden llegar a ser muy nerviosos
y superficiales en algunas cuestiones.
Quien
no conozca bien o quiera conocer a los nativos
Géminis, puede llevarse la impresión
de que son personas egocéntricas. Y desde
luego, pueden serlo hasta la saciedad, pero
esta parcela de sus sentimientos no está
a expensas de ninguna adoración especial
por sí mismos. Pero la influencia del
poderoso impulso de curiosidad les hace preguntarse
a menudo cuestiones sobre su compleja personalidad
que pueden mal interpretarse en algunas ocasiones.
Esta relación de llevar entre manos varias
cuestiones a la vez, se aplica también
a la faceta amorosa de los nativos de este signo.
El amor es maravilloso, pero hay también
otras muchas cosas en su cabeza que entretienen
su tiempo y sus sentimientos. No hay que buscar
la templanza y la estabilidad junto a ellos
ya que el amor no puede seguir su ritmo.
No
hay mucho que decir a un Géminis sobre
su propia salud. Su punto débil está
unido a su gran virtud: su cabeza rápida
y brillante. Mercurio, el veloz mensajero de
los dioses, rige su vida y no podría
ser de otra forma.
Los Géminis lo saben y son conscientes
de ello desde su infancia. Su paso por el análisis
exhaustivo, su curiosidad y su velocidad producen
un cansado ejercicio para sus cuerpos. Y es
que no es fácil para su estructura física
seguir la pauta marcada por el perfecto mundo
de las ideas.
La tensión, el nerviosismo y la impaciencia
se pueden apoderar de ellos y traerles más
de un disgusto.
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Los
regidos por el signo de los gemelos suelen ser
muy especiales en todo lo que se refiere al
capítulo del trabajo. Son capaces de
llevar a cabo grandes tareas, delicadas tramas
que han de realizarse con cuidado y con mucha
anticipación, elaborando una estrategia
compleja y sumamente eficaz.
En
esta partida intelectual de la estrategia, parece
que siempre ganan. En la otra cara, en la del
trabajo físico constante, suelen desaprovechar
el tramo ganado por la rapidez y claridad de
ideas y caen víctimas de una fatiga real
y tangible.
Cuando
se habla de aventura y hay un Géminis
presente, estamos frente al candidato único
e ideal para vivir un nuevo episodio tras otro.
Para ellos, recibir al peligro y lo desconocido
es un placer que se acerca a lo lúdico.
Un
Géminis debería tener un laberinto
siempre a mano para perderse por unos segundos
y emerger con todos los minotauros en su poder.
Pero, a falta de tanta clásica dificultad,
no dudarán en recurrir a la búsqueda
de pequeños alicientes que tuvieran en
su núcleo la esencia del reto personal.
La
tercera casa del zodíaco corresponde
al signo de Géminis.
La Casa natural de Géminis está
clasificada como común dentro de la Astrología.
Cuando el nativo de Géminis se halla
en ella, queda sometido su influjo. Todos sus
deseos, anhelos y proyectos tendrán una
impronta positiva y sus objetivos prioritarios
serán de carácter intelectual.
Sin embargo, el nativo de Géminis también
puede correr el riesgo de sentirse inclinado
a resaltar su apariencia externa, su vanidad,
con lo que difícilmente podría
conseguir resultados satisfactorios.
Géminis,
tercer signo del Zodíaco está
regido por el planeta Mercurio. Bajo su influencia
todas las características propias de
los geminianos se verán apoyadas por
los astros. Es el momento propicio para conseguir
nuevas metas.
Sol
en Géminis
Puesto
que al Sol se le atribuyen todas las facultades
llamadas activas, es claro que su incidencia
nunca puede permanecer, ni resultar indiferente
al nativo de Géminis. Aunque para algunas
culturas y pueblos antiguos el Sol estaba cargado
de dualismo y su influencia portaba signos de
contradicción, el Sol suele ser símbolo
de lo intrépido. Es la fuente donde se
asienta el valor, el arrojo y el atrevimiento.
Cuando se funden las características
del Sol con las capacidades de Géminis,
el resultado será el de una etapa llena
de oportunidades que los nativos de este signo
deben aprovechar.
La
Luna en Géminis
La
Luna dota al nativo de Géminis de una
desmedida curiosidad y de un deseo de búsqueda
de lo novedoso. Esta necesidad de saber, puede
hacer que aparezcan como personas superficiales
que sólo se interesan por lo anecdótico.
La pasividad de esta luminaria contrasta con
el Sol, considerado como activo, y sus efectos
siempre serán cambiantes.
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