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Son dudosos
los grupos, siempre lo son, ya lo dijo Groucho
Marx "no puedo pertenecer a un club donde
me acepten a mi como socio". Los grupos
literarios son dudosos, claro que sí,
y más cuando se reunen deliberadamente.
Pero si uno está en una provincia y
de un momento a otro se sienten los deseos
inmediatos de leer, de escribir, de ver buen
cine, lo más seguro es que vas a buscar
alguien con quien conversar sobre la película
del viernes o preguntarle a alguien quién
diablos es Polansky. Así que los provincianos
eternos (como su humilde servidor) que tenemos
alguna inquietud intelectual estamos irremediablemente
abocados a unirnos para conversar o al menos
para llorar o celebrar nuestro desarraigo.

No en
vano los grandes grupos intelectuales del
país casi nunca emergieron de la capital.
Fuenmayor, Cepeda Samudio y García
Márquez hicieron su caverna en Barranquilla,
Gaitán Durán y Valencia Goelkel
fundadores de la revista más importante
de literatura en el país, (hablo de
Mito) eran de los Santanderes. En los sesenta
los nadaistas irrumpieron en la sociedad colombiana
volando puertas con hachas de estiércol
y casi todos sus integrantes no eran bogotanos.
Por esa misma época en Cali un grupo
de muchachos comienzan a ver películas
con voracidad escualoide y a leer números
industriales de novela. El grupo de Cali,
que sacó a la luz público nombres
tan importantes como los de Carlos Mayolo,
Ramiro Árbelaez, Luis Ospina, Oscar
Campo y el profeta Caicedo, impusieron un
nuevo ritmo en las letras e imágenes
de un país tan rural como era la Colombia
de hace treinta años.
Lo peor
del caso es que después de la erupción
viene la calma, y la lava casi siempre se
seca en Bogotá, receptáculo
donde usualmente van a parar los geniales
integrantes de estos grupos. Una vez en la
capital vienen el desengaño, a muchos
el monstruo se los traga vivos y ya no hay
nada qué hacer, cerrar los ojos y llorar
en silencio.
Leonardo
Carreño viajó a la capital no
hace mucho. Su desarraigo precisamente lo
llevó a buscar otros locos que hicieran
o al menos soñaran con realizar proyectos
tan desquiciados como el de hacer cine en
este país. Después de andar
y desandar el cemento capitalino, Leonardo
decidió volver a sabiendas de que allá
era muy difícil ganar un espacio. Al
alejarse pudo ver que en Bucaramanga el cine
apenas está dando sus primeras puntadas,
ni siquiera el sueño se ha solidificado.
Con la inquietud de la foto fija se empeñó
en ponerla en movimiento, sólo faltaba
una historia y entonces se encontró
con el juglar Abdahllah, que casi siempre
tiene una canción en su guitarra llena
de letras. Es curioso que piense en música
cuando hablo de los cuentos de Abdahllah,
debe ser porque usualmente tiene de epígrafe
algún trozo de canción de los
Stones o de Nine inch nails. Leonardo había
leído Noche de Quema el libro de cuentos
de Ricardo. A él le gustaba Camila
pero Abdahllah dijo "mejor Bathory, pelado".
Ricardo es un morboso Poetano, como Edgar
sus mejores cuentos son oscuros y pesimistas
y sobre todo llevan nombre de mujer. Las historias
de Abdahllah son de monstruos pero ellos no
son hijos del demonio sino que siempre nacen
de la maldad de la mujer come hombres.
Elizabeth
es una femme fatale, no una vampiresa. Por
eso no es un monstruo sino un ser que tiene
una particular manera de amar. El amante no
está en capacidad de elegir, él
debe amarla así, con los dientes ensangrentados,
con el agua teñida de rojo. Él
no piensa mucho antes de dejarse llevar por
la concuspisencia de su sexo, por el sabor
de la sangre de los otros.

En dos
días plasmaron en imágenes lo
que Ricardo había dicho con palabras.
Grabaron con la cámara de Yulian Martínez,
un man que desde que llegó de Nueva
York se ha convertido en el gurú técnico
del cine en la ciudad. Entre pinturas y maricadas
que utilizaron durante el rodaje se les fueron
como cuatrocientos mil pesos, una cifra ridícula
comparado con las que se manejan no sólo
en Estados Unidos sino también en el
país. |
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Uno
puede tener talento pero a la vez ser un guevón.
Lo digo porque muchos quieren hacer de su
ópera prima una super producción,
rebosante de extras y locaciones. Una de las
razones de que en paises tan pobres como Somalia
o Mali se haga cine es el hecho de que allá
se es consciente del presupuesto limitado,
elemento a partir del cual se cuadra el guión.
En eso
acierta Carreño, ya que, a pesar de
que la película es un gótico
tropical, es a la larga una historia sencilla.
Los actores son amigos, las locaciones son
sus casas, Leonardo es pintor y se preocupó
por lograr un ambiente, no tuvieron que pagar
derechos de autor, en fin, supieron manejar
sus limitaciones.
La película,
como es lógico, tiene muchos errores,
como por ejemplo de aspecto narrativo. El
lenguaje cinematográfico no está
muy claro ya que Leonardo no asume riesgos
y se ciñe mucho al texto de Abdahllah.
A veces uno no sabe si está viendo
un video o un documental. Pero este es un
error que debería esperarse ya que
lo que más cuesta hacer en el cine
es precisamente conseguir un lenguaje propio.
Adaptar siempre es difícil así
sea la obra de un amigo. "cada vez que
lo veo me gusta menos" dice Leonardo,
y esa reflexión hecha como para adentro
lo alivia a uno porque sabe que el man no
está desfasado, que sabe lo que hizo
y seguramente en su próximo proyecto
(tiene dos, un documental en 16mm y un cortometraje
surrealista) no van a ser tantos y poco a
poco va a conseguir narrar con soltura.
Creo que
la principal virtud que tiene el trabajo de
Carreño es que es un inicio. Por fin
se está viendo en la ciudad un surgimiento
del cine. Acá hay gente que ve cine
y que hace cine. Periódicamente llegan
directores del interior a contarnos cómo
es eso de convertir la inmovilidad en movimiento,
nos hablan de sus frustraciones y de sus alegrías
y nos dejan muy en claro de que para nosotros
el video digital representa nada más
y nada menos que la salvación. En La
historia de Elizabeth Bathory Carreño
logra hacer un ambiente, en la última
escena se puede sentir el aire viciado por
la muerte, se huele a sangre y a sexo, hace
de esa última escena todo un cuadro
apocalíptico, como si quisiera hacerle
un homenaje a William Blake y a todos los
malditos. La redención sólo
está en la bañera, envuelto
en los brazos de Elizabeth encontraré
la verdad.
Cuando
Carlos Mayolo y Luis Ospina realizaron sus
películas de monstruos toda la crítica
del país (cuando digo toda quiero decir
mucha, entiéndanme soy santanderano,
ergo soy exagerado) se le vino encima, "cómo
es posible que hagan vainas sobre vampiros
con todos estos problemas de violencia que
vivimos a diario" y ellos sólo
respondian "si nosotros hacemos películas
de horror es porque vivimos en el valle y
vimos decapitados y latifundistas que quitaban
de sus manos la tierra que los campesinos
sembraban. El latifundista es un vampiro",
y los periodistas callaban no porque hubiesen
entendido sino porque no habían entendido
nada.


Abdahllah
y Carreño, junto con Yulian Martínez,
Edson Velandia y Nelson Cardenas, son las
piezas fundamentales de este aparato majestuoso
que sin quererlo se solidifica más
en la ciudad. Ya muchos saben que las respuestas
no están en la capital, que una de
las cosas buenas que tiene la posmodernidad
es que podemos encontrarnos con el mundo en
un cuarto de cinco metros. Desde acá
se puede filmar y se puede teorizar. Hay que
hacerse fuerte en un sitio, después
la capital caerá por sí sola.
*
Iván Gallo es estudiante de Historia
de la UIS y ha realizado varios cortometrajes,
entre ellos "El grito" y "Mi
Negro es más grande que el tuyo",
pero sobre todo es un excelente crítico
de cine, oficio que ha ejercido en el Cineclub
de Sur, en Pecados Capitales y en varios ciclos
presentados en la Biblioteca Turbay. Sus textos
han sido publicados en VistaalSur, Periódico
15 y Vanguardia Liberal. |
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Leonardo
Carreño, sentado frente a su
laboratorio fotografico en la Casa Argos. |
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Leonardo Carreño,
a realizado ya una generosa lista de
trabajos audiovisuales entre los cuales
se encuentra "Juan Saltador Gaviota"
cortometraje que según él
lo entendieron sus amigos despues de
verlo casi como cuatro veces, dice que
nadie más lo ha visto pero que
ahí esta en el baúl. Otro
trabajo fué "Conjeturas
por un Payaso" corto de cinco minutos
con el cual fué seleccionado
para la muestra oficial del Festival
de Cine Toma Cinco en Bogota, en Marzo
del 2003, Trabajó como asistente
de dirección en el cortometraje
"Macabeos" dirijido por Yulian
Martínes, entre otra cositas.
Actualmente es estudiante de Artes Audiovisuales
en la UNAB, gracias a facilidades que
la Universidad le brindó,
el hombre "formalizará"
su profesión, cosa que le
da risa, pero dice que es una excelente
oportunidad de respaldo a su trabajo
como artísta. Le preguntamos
sobre el personaje principal de su cortometraje:
La historia de Elizabeth Bathory:
"No me
pregunten quién es Natalia Campo
de Odio, pues queda la incertidumbre
por saber si era ella Elizabeth Bathory
o soñaba con serlo; para dejar
de ser una vampiresa y convertirse simplemente
en una asesina, entonces... quiero decir
con esto que todo lo que haya llevado
a Natalia a cometer estos hechos macabros,
pertenecen a la extensa ciudad imaginaria
de Ricardo, él si sabe por qué.
Toda su literatura, cada cuento, cada
personaje, pertenece casi que a una
gran novela que incluso nosotros sin
saberlo le ayudamos a crear, por Dios,
hemos creado un monstruo, Ja ja ja (risas).
Yo sólo adapte este cuento como
un reto, sí, como un ejercicio
más de esos que luego dices...
Bah! lo puedo hacer mejor...igual...
ha sido una escuela para los que estamos
metidos en esto hasta el... Sombrero".
Leonardo ya tiene
su nuevo cortometraje "Sigilofonía
N.1 Rretrato de una Mariposa".
De corte surrelista, nadie sabe hasta
el momento que perspectivas tiene con
éste, sólo que será
presentado en varios sitios de la ciudad
para el 2004, en especial en las Universidades.
Por otro lado, Junto con Yulian y un
personaje llamado Mario Niño,
maquinan un secreto documental en su
laboratorio de UMPALÁ PRODUCCIONES,
ubicado en la Casa Argos.
Para mayores
informes sobre Umpalá Producciones,
escriban a Leonardo: mhaskara@hotmail.com |
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