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HISTORIA DEL CINE - CAPITULO UNO:

LUMIERRE Y LOS INICIOS...

ANTES DE LA LUZ

Desde el principio el hombre buscó atrapar el tiempo en un instante. Prueba de ello lo tenemos en la cueva de Altamira, donde un antepasado nuestro grabó la imagen de un jabalí polícromo. La imagen de este jabalí es notable porque en vez de tener cuatro patas tiene ocho ya cada par de ellas representa una fase del movimiento sucesivo. A partir de este artista anónimo nace la imagen en movimiento.

Después de este original precedente, los intentos de producir gráficamente la realidad abundan. En el año 1600 A.C. el faraón Ramsés dispone en columnas exteriores de un templo una serie de pinturas presentando fases sucesivas de un movimiento.

Un observador que cruzara al galope ante las columnas tendría la ilusión de contemplar la figura en movimiento. A este antecedente le siguen la espiral de la columna trajana en Roma; el martirio de San Mauricio del Greco, y el Embarquement pour la cytheré de Watteau, pinturas que representan sobre un mismo lienzo, un personaje en fases y actitudes diferentes, son sólo algunos ejemplos particularmente significativos.

Un paso mas lo habrían de dar las alegorías oriundas de Barcelona y de Valencia, que constituyen un auténtico precedente de las historias infantiles y de la animación específicamente cinematográfica.

De las alegorías pasaríamos a otro remotísimo precedente del cine, la sombra chinesca, de origen oriental y cuya antigüedad se remonta a 4000 años antes de nuestra era.

Las sombras chinescas con su apariencia fantasmagórica, son el primer antecedente científico de la linterna mágica del jesuita alemán Athanasius Kircher.

La linterna mágica, el fantascopo y tantos otros aparatos que ha logrado el cerebro del hombre al intentar un deseo milenario de la humanidad, tienen para el pueblo, a pesar de su fundamento científico, resabios de magia negra.

El cinematógrafo fue posible gracias al gran desarrollo científico y tecnológico que se produjo en Europa durante el siglo XIX. Pero, a su vez, este esplendor científico existió merced al renacimiento de la ciencia clásica europea de los siglos XV al XVIII y, siguiendo por este camino acabaríamos encontrando a Tales de Mileto, primer científico de Occidente, asegurándonos que el agua es el principio de todas las cosas.

La ilusión óptica de la proyección cinematográfica ha sido posible gracias al invento de la fotografía: Joseph-Nicéphore Niepce había logrado impresionar un clisé con una exposición de catorce horas. Louis-Jacques Mandé Daguerre redujo la exposición a media hora, obteniendo resultados convincentes.

La física había descubierto y estudiado uno de los presupuestos esenciales de la óptica cinematográfica: la persistencia retiniana. Esta imperfección (o cualidad?) del ojo humano había sido estudiada por el médico inglés Peter Mark Roget, que publicó en 1824 una tesis sobre sus observaciones de persistencia en la visión. El fenómeno había sido señalado por algunos científicos griegos y comentado por Newton, pero el doctor Roget abrió el cauce a la investigación fisiológica.

Aprovechando el principio de la resistencia retiniana el físico belga Joseph Plateau ideó un sencillo aparato (el phenakistiscopio) que ha sido el origen de unos juguetes infantiles llamados zootropo y el estroboscopio. Los estudios del fisiólogo francés Etienne-Jules Marey sobre el movimiento de los caballos, realizados con la ayuda de unas series fotográficas (cronofotografías) provocaron acaloradas disputas en los medios hípicos de California ¿era posible que un caballo galopando pudiera permanecer en algún momento con una sola pata apoyada en el suelo?

El multimillonario californiano Lelan Stanford hizo una apuesta de veinticinco mil dólares con unos amigos y utilizó los servicios del fotógrafo inglés Eadweard Muybridge para aclarar el problema. Muybridge ideó un ingenioso dispositivo que costó cuarenta mil dólares y varios años de trabajo para ponerlo a punto. Muybridge instaló a lo largo de la pista de carreras veinticuatro hilos que cruzaban toda la extensión de la pista hasta conectarse con el dispositivo de cada cámara.

El caballo en su carrera, rompía los hilos y permitía la impresión de las placas sensibles en cada fase de su movimiento. La historia no nos cuenta quien fue el ganador de la apuesta, pero es indudable que esta descomposición fotográfica del movimiento de una caballo en veinticuatro fotografías precede muy de cerca de la invención del cinematógrafo. Charles Emile Reynaud representa un paso decisivo en esta dirección. Estudiando el principio del zootropo con ánimo de perfeccionarlo, Reynaud llegó a construir en 1888 el teatro óptico, que le permitía proyectar por reflexión sobre una pantalla unas cortas animadas en colores.

Pero verdaderamente un hombre pionero del cine fue Thomas Alva Edison, quien no en vano era llamado el mago de Menlo Park. Edison quien había inventado la bombilla incandescente (sin la cual no habría proyección de películas) y el fonógrafo (que sería central al cine sonoro), inventó también la cámara de cine, con el auxilio de George Eastman, el hombre que fue Kodak, creador de la película de treinta y cinco milímetros, esencial en el cine y que todavía está en uso hoy. El problema que faltaba por resolver era, en teoría bastante simple. Se trataba de encontrar un dispositivo mecánico (cruz de malta, excéntrica, etc) que permitiera el paso de la película en forma intermitente frente al objetivo, para lograr la proyección sucesiva de cada pose enen la pantalla. En la última década del siglo los investigadores de todo el mundo se afanaron por encontrar la clave y los inventos se multiplicaron. Algunos de estos inventos no salieron jamás del laboratorio y otros vieron la luz sin demasiado éxito en algunas demostraciones públicas.

Edison se desentendería del cine, que no fue para él más que unas imágenes que se veían por un agujero: el artefacto complacía a aquellos que se entretenían espiando por una cerradura. En 1894 el cine todavía no se había inventado, sólo faltaba un paso para que dejara de ser un espectáculo unipersonal y convertirse en entretenimiento para masas. Faltaba la luz y es allí donde entran los Lumière.


LA LUZ QUE VENCE A LA MUERTE.


Antes de los Lumière ya habían películas. Se recuerda con nostalgia las películas hechas para el Kinetoscopio de Edison, como el famoso estornudo de Fred Otis, el baile de mariposa de Anabelle y las contorsiones de Sandow el hombre fuerte. Ni hablar de las imágenes registradas con el bioskop de los hermanos berlineses Skladanowsky que fueron presentadas un día antes del día de los inocentes de 1895.

Si es así, ¿porqué se le da la paternidad del cine a los hermanos Lumière?. Lo que si es un hecho, es que como pudimos darnos cuenta atrás la fecha exacta del nacimiento que registra y reproduce fotográficamente el movimiento, es francamente discutida e incierta. Pero ¿es ello realmente importante para los que no somos ni físicos, ni aficionados a las invenciones? Así lo dijo el más grande de los crítco colombianos, el padre jesuita Luis Alberto Álvarez "para nosotros, los aficionados al cine como instrumento narrativo, contador de historias, lo que realmente interesa no es una máquina con determinado funcionamiento, sino lo que ciertas personas han creado valiéndose de ella". Los Lumière crearon el lenguaje del cine, los ambientes, lo convirtieron e un entretenimiento masivo, y eso es estrictamente el cine, más que una técnica un arte.

Como ya se dijo el 28 de Diciembre de 1895 se hace la primera proyección pública (no en un cine sino en un billar donde ya se cobraba la entrada) allí, en esa fría tarde de invierno, se exhibieron, con asombrosa eficacia técnica, los ejemplares primeros de los géneros del cine. He aquí el programa iniciático: la salida de los obreros de la fábrica Lumière (el producto que es una muestra de su producción, como tantos comerciales de la televisión) establecía el género documental, que en color y montaje audaz (a la manera de seudo vanguardia, como los famosos documentales de Pirry) y el subgénero semidocumental favorito de todos los cineastas totalitarios, de Leni Riefelstahl a Lev Kuleshov. En la llegada al tren a la estación de la Ciotat por la posición de la cámara y la ausencia de tercera dimensión parecía que la locomotora saldría de la pantalla para aplastar a esos primeros espectadores, toma obligada de las series de espisodios, de los Trhillers y creadora del dramatismo del tren, el gran vehículo melodramático de los primeros cincuenta años del siglo y del mismo cine. Finalmete con el regador regado, Lumière establece las premisas mayores de la comedia futura, muda o parlante, con un objetivo cotidiano que se rebela a revelarse.

La presentación en el salon indien sigue teniendo los elementos románticos para ser considerada el inicio de algo que ha marcado enormemente el comportamiento, la vida y los valores del siglo XX y ello tiene su aliento en la que es talvez, la primerísima crítica cinematográfica, escrita por un redactor del periódico poste, quien asistió a la legendaria del 28 de Diciembre de 1895 y que en la edición del día 30, expresa así su entusiasmo:

"Los señores Lumière -padre e hijos- de Lyon, ayer por la noche habían invitado a la prensa a la inauguración de un espectáculo verdaderamente extraño y nuevo, cuya primera exhibición había sido reservada al público parisiense. Imagínese una pantalla ubicada en una sala, por cierto no demasiado grande. Esta pantalla es visible para el público. Sobre la misma aparece una proyección fotográfica. Hasta aquí nada nuevo. Pero, de repente, la imagen de tamaño natural o reducida según las dimensiones de la escena, se anima y se hace viviente. Hay una puerta de una fábrica, que se abre dejando salir una multitud de obreras y obreros algunos en bicicleta, con perros que corren y coches; todo se anima e inquieta.

Esto representa la vida misma, el movimiento tomado en vivo. Aparece después una escena íntima. Una familia reunida alrededor de una mesa. El niñito deja escapar de los labios un biberón que el padre le ofrece, mientras la madre sonríe. Al fondo, los árboles se agitan. Se vé cómo un golpe de viento levanta el babero de l pequeño. Y, finalmente, ¡el vasto Mediterráneo! El mar está primeramente inmóvil. Un joven de pie sobre las olas avanzas espumantes y el bañista se sumerge, seguido por otros nadadores. El burbujea después de la zambullida para romperse sobre sus cabezas. En cierto momento son arrastrados y se deslizan sobre las rocas. La fotografía, entonces, ha cesado de fijar la inmovilidad. Perpetúa, ahora, la imagen del movimiento. Cuando estos aparatos sean de público dominio, cuando todos puedan fotografíar a los seres queridos, no ya en forma inmóvil sino en el movimiento de la acción, en sus gestos familiares y con las palabras a flor de labios, la muerte cesará de ser absoluta".

El aparato de Lumière era el más perfecto de los construidos hasta la fecha y utilizaba una perfecta fabricada por el propio Lumière con el formato de Edison que llegaría a ser el formato habitual o standard de la industria cinematográfica. La cámara de Lumière provocó una floracióninsospechada en todo el mundo. Hacia finales de 1896, el cinema había dejado atrás su fase experimental y las oficinas de patentes había registrado centenartes de tipos de cámara Edison y la Biograph en Estados Unidos, William Paul en Londres. Lumière , Meliès, Pathé y Gaumont en Francia, son los pilares de la futura industria cinematográfica.

Lumière más que el creador de un arte, fue el último pintor impresionista. Lumière nunca practicó la pintura, y hasta su estatuto de cineasta es dudoso. Pero el sólo hecho de retratar una realidad como lo hizo, el viento moviéndose en los árboles como relata el crítico de poste lo convierten en un fiel y hermoso heredero de Cezane.

El verdadero legado de este impresionista y de su hermano Auguste, fue el de darle un sentido social y de espactáculo al cine. Edison que inventó una forma de cine (creo el primer estudio al que llamó Black Maria, aludiendo al cuarto oscuro de las revelaciones) produjo también la primera película en colores y sus invenciones fueron la base de la industria que se llama Hollywood y de ellos recibió un homenaje doble. En 1940 la metro hizo no una sino dos biografías del inventor: el joven Edison y Edison el hombre en que Mickey Rooney crecía para convertirse en Spencer Tracy.

George Eastman, que hizo posible el Kinetógrafo de Edison y a la vez el cinematógrafo de Lumière, al inventar la película de treinta y cinco milímetros, fue más escéptico que Lumiere y que Edison acerca del futuro del cine y se suicidó. Eastman tiene su monumento ménimo en cada rollo de film que insertan, profesionales y aficionados en cada cámara, pero el artefacto se llama no con su nombre sino con el de Kodak, un nombre dervado de una onomatopeya: el clique o claque del obturador. No ha habido ahora un homenaje adecuado a Louis Lumière, tal vez por su adhesión al nazismo.

Cierro esto con un parrafo de Guillermo Cabrera Infante: "para todos estos inventores y creadores, ilusos y soñadores tienen su monumento en este arte que ya tiene un siglo -y que muere para nacer de nuevo en su vástago más vilipendiado pero más visto en la historia de la humanidad, la televisión. Viejo muere el cine pero renace cada día. Es decir, como el acto sexual que es, cada noche. El cine es, qué duda cabe, un afrodisíaco".

IvanGallo *

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